Contacto físico en España

Tocar y ser tocados, una necesidad humana 

¿Quién no echa de menos ese abrazo que actúa como bálsamo, la caricia que eriza la piel o ese cómplice apretón de manos?. “El hambre de piel”, un episodio neurológico, es consecuencia que ha dejado el confinamiento por el Covid-19, como resultado de la ausencia de contacto físico.

La piel, de pies a cabeza, es el órgano encargado de recibir una gran cantidad de información valiosa que alimenta la vida. Es por ello que el contacto físico forma parte de nuestro lenguaje, y además, nos nutre a nivel emocional. Junto al olfato, es uno de los primeros sentidos que desarrollamos al nacer, lo que lo convierte en una necesidad desde edades muy tempranas. 

¿El contacto físico es sólo una sensación?

Asimismo, la acción de “tocar” es mucho más que una sensación física, a través de ese acto transmitimos y percibimos emociones, nos comunicamos. No es el mismo mensaje que recibimos cuando nos toca un amigo, la pareja, nuestra madre,  o un simple conocido. Hay personas más reacias que otras al contacto físico, pero por regla general,  hay una lista de personas cercanas, a las cuales les permitimos un poco más, así como hay otras que rechazamos.

Ahora ¿Hasta qué punto condiciona nuestro día a día el “no tocarnos”? ¿Qué consecuencias está teniendo su falta a raíz del confinamiento? 

https://www.youtube.com/watch?v=1xD–eNSb2o&feature=youtu.be  

¿De dónde proviene el término “Hambre de piel”?

Una profesora del Instituto de Investigación del Tacto de la Universidad de Miami, Tiffany Field, una de las mayores expertas en el tacto de EEUU, acuñó el término “hambre de piel” . Realizó una investigación y,  el 26% de los participantes se sintieron privados de contacto durante el confinamiento, además, un 97%  de ellos tuvieron problemas para conciliar el sueño, debido a la falta de serotonina, una hormona que aumenta con el contacto físico, es decir, cuando tocamos y somos tocados.  

Además, cuando nos abrazamos producimos más oxitocina, conocida también como la hormona del amor, la cual favorece estados de calma, crea vínculos y, aumenta nuestro sentimiento de bienestar en entornos sociales. Al no tocar ni ser tocados, debilitamos el sistema inmune y, generamos una sensación de que algo va mal. Ahora entendemos por qué cuando sufrimos de ansiedad o estrés por alguna circunstancia, una sola palmada en la espalda ayuda más que otra cosa.

Según varios estudios, el contacto físico activa mecanismos cerebrales que ayudan a controlar y soportar mejor el dolor; la angustia; la impotencia o el miedo, y además, tiene un efecto analgésico. De manera que, uno de los consejos que suelen tener en cuenta los especialistas, como lo indica  el neurólogo y vocal de la Sociedad Española de Neurología (SEN), Pablo Eguía, para tener un cerebro sano, es necesario potenciar las relaciones afectivas y evitar el aislamiento social. 

Así, las  personas que han vivido solas durante el confinamiento, sin contacto físico, viendo a otras desde la ventana, por el ordenador, móvil o la televisión; son las que más hambre de piel experimentan, pues crean la necesidad de contacto, fundamental en nuestra cotidianidad.

¿Cuáles son las alternativas que nos quedan hasta que podamos tener contacto físico? 

Expertos de la OMS recomiendan algunas actividad que mueven la piel, para así activar los mecanismo que se manifiesta cuando alguien nos toca. Leer un libro, escuchar música, darse masajes en el cuero cabelludo o el cuerpo con crema hidratante, así como también cualquier actividad física que nos permita producir endorfinas.  De esta manera, podemos evitar el síndrome de la cabaña. 

Sin embargo, nada de esto se iguala al contacto físico, ni saciará por completo esa hambre de piel, pues debemos  cuidarnos física, mental y espiritualmente. Reflexionar sobre la importancia del contacto físico, es un deber, para apreciar ser tocados  por esa  persona que más extrañamos o queremos. 

Por último, sólo debemos recordarte que hay que tener paciencia, para que cuando esta situación pase, puedan volver de lleno a los abrazos, caricias, besos y apretones de manos que necesitamos todos para seguir adelante.

Foto: Jorge Barreno

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Escrito por

Kairy De Vasconcelos

Politóloga y Copywriter. CEO fundador de Libertate. Frenética de los viajes y de cualquier rincón en el mundo. @Kaikaydv